Cuándo los conoces...


Hasta ahora no os he hablado de mi hermanita pequeña. Se llama Jaione aunque la llamamos Jaio.

Es un bomboncito de 17 añitos que tiene la mayor suerte del mundo con los HOMOS: O al menos eso digo yo, aunque a Carla, como ya empezareis a saber, le parece que con los Homos es imposible tener suerte... para ella todos terminan siendo un chicle que se pega al zapato que te acabas de comprar.

Hoy he aprendido que Jaio es una estupenda fisonomista y además, me he reído a mandíbula partida con ello.

Como el fin de semana pasado cortó con el último Amor de su vida, se ha dedicado descargar caras en internet que representaran las caritas de su ex desde que lo conoció hasta que lo dejó. Además, mostrándome las caritas representativas que iba seleccionando,  me ha hecho un resumen de su aventura frustrada.

Pero no os preocupéis por Jaio, que ella se enamora hasta las trancas de cada uno de sus novios por lo que en unos días estará de nuevo ilusionadísima. La cara que tenía Jon cuando se cruzó con Jaio es la que resumiríamos en un está:

PARA COMÉRSELO

—Neka, el día que lo conocí, sentado como estaba en un portal de la parte vieja, me lo hubiera comido allí mismo. No se podía ser más guapo ni tener cara de más buenazo.

—¿No irías un poco piripi? —La chinché un poco, claro.

—¡Ni de coña, Neka! Era un ángel caído... con esa carita de pena o de no haber roto un plato en su vida.

—¡No estaría piripi total! Ya sabes que se les pone carita de pena cuando están muy pasados.

—Un poco sí... pero era normal dada la situación. Lo acababa de dejar su novia por una chica con un millón de piercings y tatuajes. Estaba peor que fatal; y sus colegas no lograban animarlo para nada.

—Claro. Y tú, alma cándida, te ofreciste a consolar sus penas... ya lo estoy viendo.

—La verdad es que me daba muchísima pena y me quedé mirando al pasar... pero fueron sus amigotes los que me pidieron ayuda. "Ey morenita... tienes que animarnos a Jon".

—Yo, por supuesto, me sorprendí. Imagínate, ya estaba pensando en volver a casa... eran las un millón y ya sabes como se pone mamá... Pero me dio tantísima lástima que no pude resistirme.

—Claro, claro... Ya me imagino Sor Jaione de los desgraciados.

—El caso es que me acerqué mientras sus amigotes me abrían paso. Jon, estaba sentado en el bordillo de un portal con la cabeza entre las rodillas. Tenía el corazón rotito del todo... eso las mujeres lo notamos enseguida, Neka.

"De todas las veces que nos lo parten a nosotras" —pensé para mis adentros dejándola seguir.

—El caso es que cuando levantó la cabeza y me miró, vi que su alma estaba en lo más profundo del océano... Transmitía una pena tan onda que daba hasta congoja, Neka. Creí que iba hasta a llorar por él. Nunca había visto unos ojos tan desdichados.

—¿Y qué hiciste?

—Pues lo que cualquier ser humano en mi situación... Lo abracé.

—¡Por el amor de Dios, Jaio! ¿Abrazaste a un borracho desconocido? No me lo puedo creer... de esto ni una palabra a la ama. ¿Entendido?

—¡A la ama! Ni tarada del todo. Me castigaría para siempre jamás.

—Y eso es lo que te merecerías por imprudente... "so bobaina".

—El caso es que en cuanto lo abracé se echó a llorar como si se hubiera muerto su mascota de toda la vida o algo aún peor. 

—Ya... como si hubiera perdido la final de fútbol.

—Eso, eso... Como si hubiera fallado un penalti en el último momento. Pero al rato, cuando se calmó por el penalti fallado y levantó la mirada hacia mí, era, era... como la del gatito esté, —me mostró una foto en el móvil.

Bueno, supongo que ya os hacéis a la idea. Otro día os cuento la siguiente carita de Jon.

Un MUXU. Chao


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